A LA SOMBRA DEL DAISEN

* Les dio un pincel que sumergieron en las aguas entre el cielo y la tierra y batieron el océano. Cuando las primeras gotas de agua se derramaron de la punta del pincel se formó la primera gran isla.

El sol de la mañana regresó. El mar está infestado de pendientes de ríos que provienen desde todas partes. Se ha abierto al cielo y se ha convertido en nubes durante toda la tarde. El sol de la tarde se fue, y las hierbas del campo se mecen tranquilas al ritmo del arte de huir de la noche hasta cubrirse de sombras en un armonioso balance entre luz, y oscuridad.

Montaña interior

La luz, es energía que podemos ver. La luz es una onda electromagnética, que está agrupa por una variada cantidad de frecuencias que se reflejan en todo lo que vemos, para dejarnos ver, el mundo que se despliega después de las sombras. Para Yamanoushi, la luz lo significa todo.
Yamanouchi Yoshihiko, es un hombre solitario de 53 años de edad que vive a las sombras del Daisen, una montaña ubicada al oeste en la gran isla Nippon en la prefectura de Tottori, en Saihaku-gun, aproximadamente a 350 kilómetros de las próximas costas de Corea del sur.
La palabra “Yamanouchi”, traducido al idioma español significa “Montaña interior”. Artista de la madera y jefe de la aldea Jupitarian Hill, desde hace 20 años dedica su existencia a comprender la luz y su travesía por los árboles, impregnando en la práctica de la carpintería su entendimiento explicándolo por medio de artesanías, “un árbol es una fuente de energía, un árbol llega a ser un gran amigo”, explica que “durante la vida de un árbol, este pasa mucho tiempo meditando creando las raíces de su mente”. Trabajar con materiales orgánicos o reciclados, es filosofía fundamental en la colina Jupitariana.


El jefe de la aldea (o “Soncho” en vocablo Nippon) abandonó el sistema no hace más de 20 años para adentrarse a una vida más “elemental”. Estudió la preparatoria en Tokio, es ahí, donde emprende su oleaje por la vida, donde recorrió varias prefecturas del país, así como varios países fuera de Asia en busca de su espacio y conocer el mundo que lo rodea. “Soncho” trabajaba en un taller modesto en la ciudad de Yonago años antes, donde dice permitía, la entrada de los rayos de sol por un agujero en la pared, esto “lejos de la naturalidad que buscaba”, vista que dijo, daba “hacia una avenida y a varios edificios”.
Recordaba sus viajes no planeados a América y Europa, sitios donde desarrolló el gusto por escribir con luz. La fotografía se convirtió en su compañera, ésta en modalidad fotografía natural, aplicando en ella también, su interés por las tonalidades e intensidades de luz durante el transcurso del día, según su posición geográfica, capturando así, paisajes traducidos por sus tonos claroscuros, en la quietud que caracteriza su visión del todo armónico, del todo “balanceado”, común en la mirada de Oriente.
La presión social y el sistema económico y político que coexiste en la isla, así como en el mundo, lleva a la fundación por parte de algunos grupos sociales a convertirse en tribus urbanas que logran aislarse del bullicio de las ciudades al refugiarse en montañas con el propósito de apartarse de la corriente capitalista, caso del artesano de la madera, en el pliegue extenso de terreno en la montaña. “Me abandoné a mí mismo y el lugar se abandonó conmigo. Cuando la gente de las tribus se unió a nosotros, coincidimos y nos instalamos. Con ramas de los árboles del jardín y con plantas frutales construí una casa, fui enterrado por el suelo en madera bañada por las olas del mar de Japón”.
Yamanoushi cuenta con exposiciones como el “Washi Dome”, en junio de 2009, el “Washi Tunnel”, la exposición “Kamikatachi”, que consistió en la colocación de samuráis elaborados con papel japonés en puntos estratégicos en la ciudad de Tottori, “Light Tree”, en junio de 2009, en Kou tei show, también en Tottori, entre otras presentaciones. Todas, bajo el arte de iluminación con “Washi”.


El papel tradicional japonés “Washi”, nació como fruto anónimo del pueblo Nipón para la interlocución con el mundo espiritual y para con las artes. Es a su vez, un versátil medio de expresión en el arte contemporáneo, que conjuga la modernidad en su estilo cultural de vida con la mística de sus creencias espirituales.
La etimología de la palabra “Washi” proviene de “Wa” o “Wakuko”, término con el que se denominaba al pueblo japonés, y “Shi”, que significa papel. El tono claro del papel figura la capacidad de purificar las cosas, refleja el alma y, por su tonalidad en contraposición con la luz, balanceado por medio del Ikebana (arte japonés de los arreglos florales), es aceptado internacionalmente debido a su enfoque armonioso, ritmo en el uso de colores y diseños complejamente simples. “Soncho” observa el techo de la noche y dibujando sobre las ondas del viento en el observatorio del cielo, cómodamente sentado en su silla, expresa, “quiero volver al principio, volver a lo elemental”.

Jupitarian Hill

Se extrae de raíz, y se coloca a los árboles mayores de 20 años al revés, con las raíces hacia arriba y sus ramas sosteniendo su propio peso. De pie en este sitio, sólo puedes ver el cielo y las montañas, expresa Yamanouchi.
Rodeado por campos de peras, La Colina Jupitariana está abierta al público esperando por aquellos que adornan el mundo con arte. Viento del nirvana en la montaña, la galería independiente Anju, es un importante espacio para la exposición de trabajos artísticos que se crean en el inmueble, así como espacio para artistas independientes que deseen dar un mensaje.
Yamanoushi cuenta en la historia de 3 capítulos de Jupitarian Hill que, fue recibido por una llamada local del bosque, “iba en busca de un taller detrás de un valle y encontré unas ruinas, ahí me encontré a la gente de Júpiter a los pies del Daisen”.


Este lugar voltea a ver Júpiter, “quería encontrar un lugar, y que al mismo tiempo, el lugar me encontrara a mí”. La colina tiene una hermosa vista. Los hombres de Júpiter dijeron que los árboles me habían llamado, y me quedé”.
El sentimiento saltó cuando “trajimos el primer árbol del sur. Al principio, era un bosque que descansaba en paz donde crecían fresas salvajes que se convertían poco a poco en la parte superficial del suelo, territorio donde la tribu trajo las semillas de los árboles nuevos. Lo que fue un jardín ahora es un bosque, aquí es un lugar donde aprendimos a encontrar compañeros excavando a mano la tierra, lo que significa, otros árboles que se unían a nosotros. En la colina estaban apareciendo castillos por la noche al sur de la tierra de la gente de Júpiter”, detalla el jefe de la aldea.
Jupitarian Hill ha sido sede de eventos como el “Candle Night”, el 13 de junio de 2008 y “Poco by Deco”, del 10 al 12 de octubre de 2009, donde se respiraban giros en los trazos de la exposición de dibujo de Yohei Yama, así como sede de reuniones con grupos culturales, y centro de ceremonias ancestrales de la mitología regional y cultos con “Mai” y “Odori”, danzas procedentes de la cultura japonesa, predestinadas para la meditación y contemplación a la naturaleza en su todo armónico, donde dicen, se oculta “La diosa de todas las cosas”, entre otros eventos.

Todos los elementos están conectados

El pincel es el instrumento de escritura tradicional del pueblo japonés. De igual modo, la pintura ha sido un arte en el cual, el pueblo oriental encuentra especial forma de expresión desde hace ya mucho tiempo:, la extensión de ello fue su uso como herramienta artística. La cultura popular japonesa refleja las actitudes y preocupaciones de la vida moderna así como también poseen una conexión directa al pasado.


Según la mitología Nipona, los dioses Izanagi e Izanami bajaron al plano inferior del cielo, donde construyeron un “Amenoukihashi” o “puente flotante de los cielos” entre el cielo y la tierra, donde se deslizaban por un arco iris por el cual bajaron a la tierra. Donde se les fue encargada la creación de la primera tierra.
Para ayudarles a realizar esto, se les dio un pincel que sumergieron en las aguas entre el cielo y la tierra y batieron el océano. Cuando las primeras gotas de agua se derramaron de la punta del pincel se formó la primera gran isla, mística de esta sociedad oriental, a su apego constante para con las artes como forma y herramienta de expresión del pueblo japonés que conllevó su historia después de un largo tiempo aislado del resto del mundo.
El alma se incendia, el árbol respira, descansa sobre la tierra y muere “el árbol trasciende en un abrazo, como fuente importante de energía, el árbol levita, recibe y despide el recorrido del sol”, expresa el artista de la madera.
“Me aseguré de contar cada árbol con cada uno de los dedos de mi mano, cuando uno realmente está convencido de sus amigos, realmente no importa perder la mano”, cuando quieras comprender todo, observa una sola cosa, “todos los elementos están conectados”, finaliza Yamanouchi.

Para más información y/o contacto con la aldea: http://59372901.at.webry.info/

 

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